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lunes, 7 de marzo de 2011

El necesario cambio de Paradigma Civilizatorio

Todavía recuerdo cuando leí el texto "La Revolución Copernicana" en el ITAM, y también las reflexiones que hicimos en Historia de la Música Universal en la ENM con el Mtro. Roberto Ruíz Guadalajara respecto al giro radical que el De Revolutionibus dio al pensamiento reinante,   ...la Historia ya no fue la misma: surgió un antropocentrismo intenso, por ejemplo el Barroco nos muestra claramente esa intensidad en su ethos.


Ahora me he encontrado este texto de Boff que trata sobre tal tema y que a su vez nos plasma la necesaria revolución en la cosmología: la gestación y necesaria incorporación del nuevo paradigma civilizatorio.


Lo comparto íntegramente pues encuentro gran riqueza en cada frase:



Todo cambio de paradigma civilizatorio está precedido de una revolución en la cosmología (visión del universo y de la vida). El mundo actual surgió con la extraordinaria revolución que introdujeron Copérnico y Galileo al comprobar que la Tierra no era un centro estable sino que giraba alrededor del sol. Esto generó una enorme crisis en las mentes y en la Iglesia, pues parecía que todo perdía centralidad y valor. Pero lentamente se fue imponiendo la nueva cosmología que fundamentalmente perdura hasta hoy en las escuelas, en los negocios y en la lectura del curso general de las cosas. Sin embargo, el antropocentrismo, la idea de que el ser humano continúa siendo el centro de todo y que las cosas están destinadas a su disfrute, se ha mantenido.
Si la Tierra no es estable, por lo menos el universo –se pensaba– es estable. Sería como una inconmensurable burbuja dentro de la cual se moverían los astros celestes y todas las demás cosas.
Y he aquí que esta cosmología comenzó a ser superada cuando en 1924 un astrónomo amateur, Edwin Hubble, comprobó que el universo no es estable. Constató que todas las galaxias así como todos los cuerpos celestes están alejándose unos de otros. El universo, por lo tanto, no es estacionario como creía todavía Einstein. Está expandiéndose en todas las direcciones. Su estado natural es la evolución y no la estabilidad.
Esta constatación sugiere que todo comenzó a partir de un punto extremadamente denso de materia y energía que, de repente, explotó (big bang) dando origen al actual universo en expansión. Esta idea, propuesta en 1927 por el astrónomo y sacerdote belga George Lemaître, fue considerada esclarecedora por Einstein y asumida como teoría común. En 1965 Arno Penzias y Robert Wilson demostraron que de todas las partes del universo nos llega una radiación mínima, tres grados Kelvin, que sería el último eco de la explosión inicial. Analizando el espectro de la luz de las estrellas más distantes, la comunidad científica concluyó que esta explosión habría ocurrido hace 13,7 mil millones de años. Esta es pues la edad del universo y la nuestra, pues un día estábamos, virtualmente, todos juntos allí, en aquel ínfimo punto llameante.
Al expandirse, el universo se auto-organiza, se autocrea y genera complejidades cada vez mayores y órdenes cada vez más altos. Es convicción de los más notables científicos que, al alcanzar cierto grado de complejidad, en cualquier parte, la vida emerge como imperativo cósmico. Así también la conciencia y la inteligencia. Todos nosotros, nuestra capacidad de amar y de inventar, no estamos fuera de la dinámica general del universo en cosmogénesis. Somos partes de este inmenso todo.
Una energía de fondo insondable y sin márgenes –abismo alimentador de todo– sustenta y pasa a través de todas las cosas activando las energías fundamentales sin las cuales no existiría nada de lo que existe.

A partir de esta nueva cosmología, nuestra vida, la Tierra y todos los seres, nuestras instituciones, la ciencia, la técnica, la educación, las artes, las filosofías y las religiones deben ser dotadas de nuevos significados. Todo y todas las cosas son emergencias de este universo en evolución, dependen de sus condiciones iniciales y deben ser comprendidas dentro del interior de este universo vivo, inteligente, auto-organizativo y ascendente rumbo a órdenes aun más altos.
Esta revolución todavía no ha provocado una crisis semejante a la del siglo XVI, pues no ha penetrado suficientemente en las mentes de la mayor parte de la humanidad, ni de los intelectuales, mucho menos en las de los empresarios y los gobernantes. Pero está presente en el pensamiento ecológico, sistémico, holístico y en muchos educadores, fundando el paradigma de la nueva era, el ecozoico.
¿Por qué es urgente que se incorpore esta revolución paradigmática? Porque ella nos proporcionará la base teórica necesaria para resolver los actuales problemas del sistema-Tierra en proceso acelerado de degradación. Nos permite ver nuestra interdependencia y mutualidad con todos los seres. Formamos junto con la Tierra viva la gran comunidad cósmica y vital. Somos la expresión consciente del proceso cósmico y responsables de esta porción de él, la Tierra, sin la cual todo lo que estamos diciendo sería imposible. Porque no nos sentimos parte de la Tierra, la estamos destruyendo. El futuro del siglo XXI y de todas las COPs dependerá de que asumamos o no esta nueva cosmología. Verdaderamente solo ella nos podrá salvar.
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Recalco:  no ha penetrado suficientemente en las mentes de la mayor parte de la humanidad, ni de los intelectuales, mucho menos en las de los empresarios y los gobernantes.


Y eso es lo que divers@s amig@s consultor@s con un nuevo paradigma estamos haciendo, sobre todo dirigidos a ese sector más imbricado en los tejes y manejes del poder y de donde podrían salir las acciones alternativas a lo que la actual vorágine está empujando. 
Me refiero a las acciones que realizamos para generar aprendizaje organizacional tanto en empresas como en dependencias públicas, y no es un "aprendizaje" al estilo tradicional que mantiene el actual status quo, quiero aclarar: estamos impactando en un aprendizaje que hace cambios sustanciales en el modo de hacer el trabajo.
No es que tengamos que hacer una consultoría "buena onda con el ambiente" pero dentro del mismo paradigma antropocentrista que destruye a todo el entorno para satisfacer deseos egoicos del hombre. Los que estamos en esto estamos construyendo rediseños organizacionales que implican una convivencia íntegra e integral con el entorno.
Queda mucho por hacer, la inercia del actual sistema es fuertísima, pero no podemos desfallecer. "Verdaderamente sólo ella nos podrá salvar".

jueves, 23 de diciembre de 2010

La Paz es distinta de la pasividad.

En tiempos de crisis por todos lados se predica la búsqueda de la "paz social", la unidad y la aversión a los conflictos. Anhelan los tiempos en que todo estaba en un estado de paz ya pasado, en el cual se lograron grandes avances de corte social y humanístico. Pero dicho estado de paz es una paz de otro momento, la presente crisis debe buscar otra paz, una paz distinta en la que las fuentes actuales del conflicto puedan ser integradas sabiamente.

De ahí que es importante notar que la paz es distinta a la pasividad. La pasividad es la que va desernegizando la existencia, matando la vida, a la pasividad social se le llega cuando se resuelven muchos problemas materiales y logra cierto "equilibrio" social,    ...pero es el "equilibrio de los cementerios" donde nada se mueve.

La vida sólo es plena cuando sus deseos profundos tienen derecho a manifestarse, y el deseo es movimiento, es creación. No siempre "buena" creación, pero sí siempre desafiante para las grandes almas.
La vida es un misterio, no queramos desentrañarlo. Sí busquemos darle estructura social acorde a principios, sobre todo en los niveles de autoridad. Principios surgidos de la interioridad profunda y no de reglas caducas (propias de los conservadores que quieren regresar al pasado).
Los grandes "santos" necesitaron de "grandes males" para manifestarse como tales. Un cierto nivel de "conflicto" siempre es deseable.
Sólo así podremos, como humanidad, generar obras de belleza trascendental.
Hay quienes con razón dicen: "La paz interna o personal es más que deseable... es necesaria. Ella es un reflejo de la paz social que, a su vez, tiene su origen en el interior de las personas que la integran. Un círculo virtuoso que nunca deberíamos olvidar."
Yo sólo anoto que el círculo de la paz interior-paz social debe evitar ser un círculo de pasividad (cosa propia de los conservadores, que en su exageración: es propio de los fascismos). Paz interior también es felicidad, libertad, emancipación, lo cual da dinamismo a la existencia y evidentemente: cierto grado de conflictividad en la dialéctica de los deseos encontrados, que lleva a soluciones integradoras de mayor gozo estético.
Y si vamos al mundo empresarial: aquella empresa que sabe darle vida a la dialéctica de los deseos encontrados consta por ello de una Energía Vital extraordinaria para crear soluciones superiores y, por lo mismo, para dominar su ecosistema.     ....algo que nuestra consultoría ayuda a desarrollar.
(entrada tomada de mi blog en Staff)